No se puede concluir algo que no tiene final. No lo tiene porque lo que estoy haciendo es algo que durará para siempre y que cambiará su rumbo día tras día, con cada experiencia vivida. Es cierto: el tiempo y la distancia todo lo pueden. Esos dos monstruos de la naturaleza pueden hacer y deshacer a su antojo. Ni el amor ni la amistad han podido resistir con piernas fuertes el huracán desatado por lo que simbolizan un reloj o unos cuantos Kilómetros.
No pueden porque ayer viví muchas cosas que cambiaron mi manera de ver la vida, porque hoy también las viviré y porque mañana las viviré diferente. Porque unos segundos bastan para descubrir que me gusta que me miren a los ojos, que mi sabor preferido de helado es vainilla, que mi fruta predilecta es la cereza, que el azul es mi nuevo color, que mi pelo ha crecido un par de centímetros y que tengo una nueva peca en mis mejillas. Todo eso, insignificante para muchos, define novedades importantes para mí. Me permite conocerme, describirme y amarme.
No puedo concluir nada, porque soy como un neonato. Cada experiencia que perdí en el pasado la estoy disfrutando apenas ahora. Y tal como un bebé quiero aprender a ponerme de pie e intentar tocar el cielo, quiero aprender a caminar y andar por caminos nuevos cada día, quiero aprender a hablar y quiero conocerlo todo. Todo esto requiere tiempo, paciencia y sobre todo, maestros. No quiero ser una simple imitadora y sé que no lo seré pero siempre el osezno necesita que le enseñen a pescar, el tigrillo necesita que le enseñen a cazar y el gato necesita que le enseñen a caer sin lastimarse.
He cambiado, pero para aquellos que no me conocieron cuando no había cambiado aún, les basta mirar detenidamente mis ojos y concentrarse en mi iris color ceniza. Después de meter mi pasado en una caja y quemarlo sin piedad, sólo me quedó en mi mirada una expresión del color de las cenizas. Por ahora, prometo no quedarme atada a ese pequeño atisbo naranja fluorescente que quedó del fuego, a esa intensa chispa que amenaza con encenderse de nuevo, con encenderme de nuevo.
Con mirada reveladora,
Laura

Qué lindo leerte, Laurita!!! Tus palabras están llenas de sentido e irradian una fuerza descomunal. Cuánto has vivido, hermosa!!! Y no fue en vano...No sólo hay que estar dispuesta a aprender y dejarse enseñar sino a descubrir y celebro está actitud con la que estás viviendo tu vida.
ResponderEliminarRecuerdo a "Belle" y es una enorme alegría poder estar conociendo a Laura. Me emocionan tus certezas, tus convicciones y tu determinación. Me pone muy contenta que hayas elegido dejar de sobrevivir y optar por vivir, que mucho más trabajoso implica permitirse la felicidad sin exigencias.
Gracias por invitarme a compartir este espacio que es una invitación a vivir la vida!!!